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La grasa es una forma extremadamente eficaz de almacenar energía.

Cuando consumimos en la dieta más calorías de las que podemos acumular en forma de glucógeno,  la cantidad sobrante se acumula en forma de grasa. Esta capacidad, se ha convertido durante el periodo evolutivo en un mecanismo importante de supervivencia para especies que comen en cantidad pero irregularmente, o especies que pasan periodos de hambre alternados con periodos de abundancia, tal como ocurría con Homo Sapiens. Este mecanismo permite almacenar reservas energéticas internas cuando el alimento es abundante y luego vivir de sus “despensas” cuando la comida escasea.

Esta maravillosa adaptación se ha convertido sin embargo, en un problema para una gran parte de la población de los países desarrollados. El principal problema nutricional entre los norteamericanos y europeos es el exceso de peso. En Estados Unidos, el 30% de las mujeres de edad media y el 15 % de los  hombres del mismo grupo son obesos. En Europa y concretamente en España, las cifras empiezan a ser alarmantes.

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Este exceso de grasa almacenada en el organismo va más allá de la imagen externa o los estereotipos de belleza y es que el exceso de peso puede estar asociado a un aumento importante de las enfermedades coronarias, diabetes y otros serios desarreglos, conocidos como Síndrome metabólico 

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Normalmente la forma en que tratamos de adelgazar es con dieta, es decir, reduciendo la ingestión de calorías diaria pero hay que combinar con ejercicio moderado también. 

La energía que obtenemos de los alimentos se utiliza para tres fines principales: producción de calor,  trabajo físico y almacenamiento de energía. Por lo tanto, parecería que comiendo algo menos de lo necesario para el calor interno y el trabajo externo, sin nada para acumular en las reservas, nos haría utilizar la grasa acumulada y quemarla. Desgraciadamente este proceso no es tan sencillo.

Dos factores importantes en la cantidad y distribución de la grasa en  nuestro cuerpo son: el número de células adiposas y su tamaño. Estas células vacuolazas, pueden estar repletas e hinchadas de grasa (incluso pueden dividirse si se vuelven muy grandes ) o pueden estar casi vacías o encogidas

Aunque el régimen puede reducir el tamaño de las células adiposas, no tiene efecto sobre su número.

 En éste punto, es dónde entran en acción las Sales de Schüssler, en concreto las sales nº 9 y nº 10.

La primera es esencial como emulsionante de grasas. Estimula la síntesis de fosfolípidos y aumenta las eliminaciones metabólicas

La segunda regula el equilibrio hídrico y por su radical sulfuro interviene en los procesos depurativos del organismo. Favoreciendo la excreción urinaria.

Otro  aspecto a tener en cuanta cuando se lleva a cabo una dieta, es que cuando el contenido de las células adiposas va disminuyendo por debajo de ciertos niveles, se transmiten señales al cerebro que  producen una fuerte sensación de hambre, que además puede derivar en procesos de irritabilidad o decaimiento. Para esto, puede ayudar la sal nº 5 esta sal es importante en las células hemáticas, cerebrales, nerviosas y musculares, donde su déficit produce una marcada hipofunción acompañada de trastornos nerviosos, decaimiento e irritabilidad.

Obviamente hay que diseñar una dieta adecuada a la persona, recomendar ejercicio e hidratación correctas, que muchas veces se nos olvida la importancia de beber agua para eliminar desechos.

 

 

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